No es la discapacidad lo que hace difícil la vida, sino los pensamientos y acciones de los demás.




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miércoles, 2 de noviembre de 2011

¡¡¡Llamame !!!

Una mujer llamada Nancy puso el siguiente anuncio en su periódico local:
Si se siente solo o tienen algún problema, llámeme. Yo estoy en una silla de ruedas y raras veces salgo. Podemos compartir nuestros problemas mutuamente. Sólo tiene que llamarme. Me encantaría conversar.
La respuesta a ese anuncio fue sorprendente: 30 llamadas o más por semana.
¿Qué motivó a esta mujer a querer llegar a los demás desde su silla de ruedas para ayudar a los necesitados?
Nancy explicó que antes de su parálisis había disfrutado de perfecta salud, pero se encontraba muy desesperada. Trató de suicidarse saltando desde la ventana de su apartamento, pero la caída la dejó paralítica de la cintura para abajo.
En el hospital, totalmente frustrada, percibió que Jesús le decía: Nancy, has tenido un cuerpo sano, pero el alma lisiada. Como resultado de esa experiencia entregó su vida a Cristo. Cuando finalmente le permitieron volver a la casa oró para encontrar una manera de compartir la gracias de Dios con los demás. por limitados que estemos por una enfermedad, ancianidad o incapacidad, aún podemos orar, hablar o escribir.


renuevodeplenitud.com/



Porque siempre encontraremos personas peores que nosotros que necesitan nuestras ayuda...
Mari

domingo, 16 de diciembre de 2007

¿Quiero saber como tu?

Ocurrió junto a un río. Un pequeño grupo
de jóvenes recibían las enseñanzas de su entusiasta
maestro, cuando uno de ellos ansioso e impaciente
inquirió: “Maestro, quiero saber tanto como tú.
¿Qué debo hacer?”.
El maestro se acercó hasta él, con una mano
le sujetó la nuca y con la otra aprisionó
fuertemente las del joven tras la espalda; a
continuación caminaron hasta el río y le sumergió
la cabeza bajo el agua.
Al cabo de unos instantes el alumno comenzó
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a angustiarse por la falta de aire. Finalmente,
desesperado ya, el agua comenzó a penetrar en
sus pulmones, mas el maestro no cejaba en su
empeño. Al punto de perder el conocimiento le
liberó.
El alumno tosía y aspiraba aire con la avidez
y estertores propios de un moribundo.
Entonces el maestro le preguntó:
“¿Qué deseabas?”.
El alumno con la cara enrojecida por la falta
de oxígeno, montado en cólera y tras tomar una
fuerte bocanada de aire, le respondió:
“¡Respirar!”.
“Bien -respondió pausadamente el maestro-
, así tendrás que anhelar el conocimiento”.
¿Qué nos dice todo esto?. Pues que solemos
anhelar objetivos que se consiguen con dinero, a
partir de un deseo inducido, no genuíno. Además,
el deseo profundo por conseguir algo integrará
los esfuerzos por conseguirlo, radicando en este
gesto la esencia del gozo y no tanto en el fin que
se persigue.