No es la discapacidad lo que hace difícil la vida, sino los pensamientos y acciones de los demás.




sábado, 15 de septiembre de 2007

¿Tenemos un transporte público accesible?

Albarrán | El transporte público sigue sin ser apto para todos los públicos. Pese al anuncio de Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) que toda su flota de autobuses es "100% accesible", todavía persisten problemas que impiden a las personas en silla de ruedas usarlos con la misma comodidad y seguridad que el resto de ciudadanos. Las rampas de algunos autobuses son prácticamente insuperables para una persona en silla de ruedas que viaje sola y los cinturones de seguridad habilitados en la zona reservada –teóricamente obligatorios– están diseñados de forma que las personas con movilidad reducida no pueden ponérselos por sí solas.

Estas dificultades mantienen alejadas de los autobuses a todo un colectivo de personas que tampoco puede acceder de forma autónoma e independiente a buena parte de la red del metro ni al servicio de Cercanías, según denuncian trabajadoras de la Fundación Amiba, que se dedica al transporte de personas con algún tipo de discapacidad. Una de ellas es Pepita Ferrando, que se mueve en silla de ruedas y reconoce que "le tengo miedo a la rampa del autobús, hay gente que ha caído". Por muy "adaptado" que esté, ella sólo coge el autobús si va acompañada. Al metro no se acerca en ningún caso: una amiga suya viajó una vez hasta Plaça Catalunya para descubrir, al llegar allí, que el único ascensor que había en aquel momento estaba estropeado.

Problemas que persisten
Quien sí viaja valientemente en autobús pese a la silla de ruedas es Paquita Justicia, otra trabajadora de Amiba. Reconoce que en este tiempo "se ha avanzado mucho", pero no lo suficiente para que pueda coger cualquier autobús con total seguridad. La Vanguardia Digital la ha acompañado en un trayecto y ha comprobado cómo su silla de ruedas se atrancaba en una de las rampas de acceso cuando intentaba acceder a un autobús de la linea 50. Ha sido necesaria la ayuda del resto de viajeros para superar un escalón que ya no tienen los nuevos modelos de rampas, pero que sí conservan los antiguos. Preguntado por si este problema es habitual, el conductor ha confirmado que "sí, pasa mucho".

Aunque las rampas de los autobuses más nuevos no tengan este problema, cuenta Justicia, sus cinturones siguen siendo totalmente inaccesibles para ella, así que viaja sin él aunque en más de una ocasión un frenazo ha hecho volcar una silla especialmente ligera. Viaja también sin pagar, ya que la máquina de validar billetes no está a su alcance. Las averías de las rampas también suponen un problema. "Un día pasaron tres buses seguidos con la rampa estropeada", cuenta Justicia. Al descender, a veces, "los árboles, las papeleras y las marquesinas" dificultan la salida de la rampa.

"A veces pasa, aunque no es frecuente, que el autobús no pare", asegura Justicia que también se ha encontrado con chóferes que, si va lleno, "abren las puertas para el resto y a mi me dejan en tierra". Pese a todo, Justicia reconoce que ahora ya no se ven buses que no estén adaptados y asume con franqueza que "todo no puede ser perfecto".

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